miércoles, 28 de marzo de 2012
Aquellos hombres
Omar Masera
Aquellos hombres eran libres hasta que se consagraron a la adoración a sí mismos. Pasaban las noches frente a grandes espejos que para ése fin habían dispuesto en una amplia galería, admirando la luz derramarse, líquida, sobre los relieves de su piel desnuda.
Absorbíanse en la silenciosa contemplación de su figura; en descifrar cada letra de la poesía que en el lenguaje de la forma, Dios había hecho en sus cuerpos.
Mentalmente cartografiaban, con un explorador en cada ojo, cada cordillera, cada río y cada valle que el obscuro entramado de huesos, tendones y músculos les moldeaba en la piel, y se deleitaban en su profundo latido.
Los ojos se les hundieron y les crecieron sombras de no dormir, pero esto no hizo sino volverlos aún más fascinantes a su mirada.
Enflaquecieron, se fueron haciendo seres pálidos, melancólicos, cada vez más insignificantes.La callada fascinación dio paso a la callada indiferencia, pero nunca le volvieron la espalda a los espejos.
Uno a uno, con la naturalidad de las hojas secas, fueron cayendo.
Sus cuerpos tendidos formaron un mosaico de triste belleza sobre el suelo de piedra.
Cuando el último residuo de vida se le cerró al último de los hombres en los ojos, ése instante final, por último,se hizo eterno, único; y los espejos repitieron, ampliando hasta la infinitud de los lugares y de los tiempos, la desnudez vacía de los hombres.
@Omar "El Tremendo"Masera
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